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Como no sabía que era imposible lo hice – Albert Einstein

Como no sabía que era imposible, lo hice – Albert Einstein

Albert Einstein no solamente destacó en el campo de las ciencias, su lado más humanista fue frecuente, y gracias a ese anhelo suyo de encontrar el conocimiento nos dejó algunas de las frases más memorables de la historia moderna, con buenas reflexiones y lecciones que podemos aprovechar y adaptar para nuestra vida diaria. Si en la anterior entrada hablamos de optimistas y realistas, en esta hablaremos justamente de uno de los principales problemas que te vas a encontrar a lo largo de tu vida: las expectativas.

Básicamente, aunque la frase puede transmitirnos varias cosas interesantes, me gustaría utilizarla como excusa para hablar de las expectativas, que son uno de los principales motivos por los que iniciamos o no una acción. Cuantas veces nos hemos dado cuenta de que algo era mucho más fácil, o placentero, una vez que hemos empezado, o al revés, cuantas veces nos hemos dado cuenta que una cosa era mucho más osada de lo que pensábamos.

El calculo racional de las cosas puede ayudarnos a tomar buenas decisiones, madurar es saber escoger en que luchas plantar batalla y la prudencia de no hacerlo en aquellas que sabemos perdidas. Pero también hay una dimensión diferente, quizá incluso contradictoria con estas reflexiones, y es que nuestra felicidad, nuestros resultados, bien pueden medirse a partir de las expectativas.

Un ejemplo fácil de esto podemos encontrarlo en el deporte. Un gran equipo de fútbol juega contra otro mucho más humilde, al que debe poder superar sin mayores problemas, pero resulta que durante la semana han tenido una intoxicación en el vestuario, y la mayoría de jugadores no andan finos, muchos de ellos ni pudieron acabar el entrenamiento del día antes. Total, en la mitad del primer tiempo se encuentran con un marcador adverso de 3-0.

Los nervios están a flor de piel, en la segunda parte la racionalidad se impone, además del físico y la técnica, y el equipo grande acaba consiguiendo un empate con mucho esfuerzo y tesón. Los hinchas que presencian el partido salen del estadio felices por una gran remontada en circunstancias muy complejas, y encima con la intoxicación durante la semana.

Curiosamente, en los programas deportivos de la noche los comentaristas no dejan de criticar el equipo, el empate no es suficiente. Lejos de la felicidad de los que presenciaron el partido, la opinión general es que el equipo grande se habría tenido que imponer sin mayores problemas.

En este ejemplo, vemos claro que las expectativas jugaron (nunca mejor dicho) en contra del equipo grande, que por el simple hecho de serlo, ya deberían haber arrasado en el campo, sin contar con todos los hechos que están a su alrededor.

¿Y que tiene que ver esto con la frase de Einstein? ¡más bien es el contrario!

Hagamos el ejercicio de volver al ejemplo anterior, y esta vez hablemos del equipo pequeño. Todos tenían en la cabeza que iban a ser arrasados, pero resulta que en el minuto 15 pueden hacer jugadas de forma mucho más fácil, incluso han llegado dos veces a portería contraria. ¿Como puede ser? Se preguntan los jugadores humildes. Con todo, la euforia se desata de forma controlada cuando llegan a la media parte, y durante la segunda, aunque reciben goles, continúan con la moral muy muy alta por conseguir un buen resultado.

De hecho, en la salida los hinchas del humilde equipo están también eufóricos, han conseguido lo impensable, un empate contra un gran equipo. Todos los comentaristas alaban al equipo, todos los vitorean, han hecho historia.

Pero resulta que su entrenador está muy molesto con ellos: “habéis tardado más de 30 minutos en daros cuenta que era posible ganarles. Si en vez de pensar que era imposible hubierais saludo con mentalidad de poder con todo, habríamos metido suficientes golpes para hacer imposible la remontada”.

Exacto. Aunque el ejemplo sea largo, pienso que está bien ir más allá en la frase de Einstein. Se trata de sentirse capaz, de creer en uno mismo y sus posibilidades, pero también en pensar que los demás pueden tener un mal día, en este caso, y por tanto aquellos que parece imposible ahora no lo es tanto.

Volviendo a la vida de cada cuál, dónde la mayoría no somos jugadores o jugadoras de fútbol de equipos grandes o humildes, la frase de Albert nos debe indicar una realidad indiscutible, y es que hay muchos datos, elementos, y evidencias que se escapan a nuestra comprensión, o por lo menos, a nuestra observación en primera vista.

No se trata de tener una actitud suicida ante cualquier situación de tu vida. Todos sabemos que los humanos jamás podrán volar por ellos mismos, y por más que pienses que es posible, no conseguirás volar por ti mismo sin ayuda de inventos. Por tanto, se trata de tener una actitud siempre activa, de observación permanente, en la que estando con atención, puedas superar, jugar y atravesar esas expectativas que nos solemos autoimponer nosotros mismos.

El truco, en el fondo, es simplemente estar con la debida atención esperando una oportunidad, y ser los primeros en detectar esa oportunidad que efectivamente, hará que podamos hacer cualquier cosa que nos planteemos, porque ya no seremos esclavos de nuestra creencia en que aquellos imposible es imposible y punto.